Crítica Constelaciones

Una tarde cualquiera. Marianne y Roland se encuentran en una barbacoa. Ella es física cuántica, él, apicultor urbano. A partir de ese instante las posibilidades serán infinitas.

El libre albedrío, la amistad, la teoría del multiverso cuántico, el amor y la miel se unirán para crear infinitos universos y descubrir el secreto de la inmortalidad. En el amor las posibilidades son infinitas, imagina lanzar un dado seis mil veces, porque quien no se ha preguntado alguna vez #Quehubierapasadosi…

Crítica

Un cóctel galácticamente emocional que nos trae una gama de sentimientos envueltos en una inolvidable constelación pilotada en la nave de la dulzura y la intensidad de Calvo y Cuevas.
Definir una obra como Constelaciones es algo muy complicado, ya que se atraviesan numerosos estados y puedes ver ante tus ojos y sentir el peso de una vida y todos los regalos y castigos que esta misma nos ofrece, todo ello gracias a Inma Cuevas y Fran Calvo, que tras funciones y funciones a sus espaldas van haciendo que crezca aún más su química por difícil que parezca y creando una obra que difícilmente podríamos imaginarla con otros actores una vez la has visto y digerido.

Descubrir el secreto de la eternidad, la broma o verdad que el tiempo esconde en sus entrañas y como nosotros lo atravesamos o utilizamos y todas las posibilidades que tenemos ante nuestra mano junto a los caminos hacia los que nos vamos dirigiendo sin saberlo o no, pero en los cuáles al final terminamos cayendo.

Una historia de amor con mil posibilidades, pura, sincera, verdadera, pasional, dolorosa, que trasciende en el tiempo… numerosas escenas a un ritmo vertiginoso que requiere toda la energía, memoria, corazón y tripas de los actores que se introducen en una exhenuante montaña rusa a donde nos invitan a todos los espectadores.

Un apicultor y una física cuántica que nos muestran todas las opciones y posibilidades que tenían en sus manos para seguir haciendo magia en su historia de amor, destrozarla o hacerla aún más grande junto a otros grandes temas como la felicidad, el deseo, la familia y muchos más que todos conocemos pero que es mejor que veáis en persona. No es nada leve y seguramente os emocionaréis, os sorprenderéis, enfadaréis pero ante todo os dejará una marca que tendréis que digerir poco a poco.

Tres salas ya han acogido esta función pero sin duda el Teatro Luchana es perfecto por su cercanía y escenografía, sencilla a la par que curiosa, para poder disfrutar de una obra breve en duración pero extremadamente intensa. Teatro sin caras ocultas ni florituras, se dirige al corazón y con unos actores que elevan su oficio a una altura imposible de alcanzar.

Esther Esteban, Madrid

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